Si Donald Trump había perdido apoyo interno por violentar las calles con ICE, retirar apoyo de salud al pueblo estadounidense y ser incapaz de bajar la inflación; en el exterior perdió respeto por su falta de diplomacia ante el mundo, por sus mentiras, por sus aranceles y amenazas. Ahora esta guerra lo está acabando.

Dentro de su país, en marzo se encuentra en el punto más bajo de aprobación desde que inició su segundo mandato –según The Economist–, la guerra no lo está ayudando y tampoco los precios del combustible en Estados Unidos.

Afuera, sus socios históricos como Reino Unido, Francia, Japón, Alemania, Italia, Canadá y España, negaron ayudar a Trump a escoltar buques petroleros o abrir el Estrecho de Ormuz que Irán mantiene cerrado.

Dentro de su país, senadores e integrantes de la Cámara de Representantes manifestaron que no apoyarán la petición que mencionó Pete Hegseth, Secretario de Guerra, de solicitar una bolsa de 200 mil millones de dólares para su guerra con Irán.

En el exterior, así como el aliado de Trump, Israel, atacó el mayor yacimiento de gas en el mundo, South Pars, que comparten Irán y Qatar, en respuesta Irán atacó las plantas de Samref, en el Mar Rojo, y de Haifa en Israel, donde afectaron producción de gas y generación de energía eléctrica.

 

E Irán continúa atacando a Israel y el peligro de un atentado terrorista dentro del territorio estadounidense crece cada día.

 

En territorio estadounidense, renunció su jefe de Antiterrorismo, Joe Kent, y mediante una carta dio a conocer que Irán no representaba una amenaza inminente para Estados Unidos e incluso no estaban preparando un arma nuclear.

 

Sus socios históricos difundieron literalmente que no lo apoyarían.

 

Trump ha señalado en particular la negativa del Reino Unido. El primer ministro Keir Starmer cultivó vínculos con Trump y alcanzó un acuerdo comercial temprano con la administración, pero ahora está entre los aliados que se niegan a sumarse a una guerra regional sin un desenlace claro.

 

Starmer dijo que Gran Bretaña “no se dejará arrastrar a la guerra más amplia” y que las tropas británicas requieren el respaldo del derecho internacional y “un plan debidamente pensado”, sugiriendo que eso no existía.

 

De hecho, de visita en México, el Presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, pidió a su homóloga mexicana, Claudia Sheinbaum, luchar por mantener reglas internacionales ante las políticas implementadas por Estados Unidos, como el alza de aranceles.

Por otro lado, el portavoz del gobierno de Alemania, Stefan Kornelius, afirmó que la guerra entre estadounidenses, israelíes e iraníes «no tiene nada que ver con la OTAN», luego de que Trump presionara a sus aliados para ayudar a desbloquear el estrecho de Ormuz, una vía marítima clave para el mercado petrolero mundial.

«La OTAN es una alianza para la defensa del territorio» de sus miembros y, en la situación actual «no existe el mandato para desplegar a la OTAN», declaró el portavoz alemán en conferencia de prensa. «Esta guerra no tiene nada que ver con la OTAN. No es la guerra de la OTAN», enfatizó el portavoz del canciller Friedrich Merz citado por AFP.

El mandatario republicano dijo al diario Financial Times que la Alianza Atlántica -a cuyos miembros ha presionado previamente para que suban el gasto militar- enfrenta un futuro «muy malo» si no ayuda a abrir el estrecho de Ormuz, cuyo cierre de facto por parte de Irán ha disparado los precios del crudo por encima de los 100 dólares el barril, lo que causaría una catástrofe.

El teniente general retirado Ben Hodges, ex comandante general del Ejército de Estados Unidos en Europa, señaló que los aliados están “mirando a Estados Unidos de una manera que nunca lo habían hecho antes. Y esto es malo para Estados Unidos”.

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